miércoles, 2 de noviembre de 2011

Hermanos

Mi hermano, te irás en unos cuantos días de la casa, del hogar paterno. Dices que no se siente raro, que al contrario, se siente como algo natural, como que es el siguiente paso a seguir, "como pasar de la prepa  a la universidad"... Personalmente no me siento triste, ni molesto, ni nostálgico de que tu, mi hermano, uno de los hombres a los que más admiro, salga del hogar...

Se debe principalmente a que comprendo porqué lo haces, a que comprendo tus razones, ya que es algo que yo también, en su momento, voy a hacer. 

Y todo esto es porque nuestros padres nos educaron de esa forma, porque nos educaron para desarrollar nuestra propia personalidad, elegir nuestro propio camino, cometer nuestros propios errores. Y aunque una parte importante de mi vida te incluye, no te extraño, no, no anhelo nada, porque no pude haber tenido mejores amigos que tu y nuestro otro hermano -quien, a la sazón, ya está casado- no puedo sino agradecer tu presencia, tu compañía, tu apoyo y tus palabras cuando más las necesité, no puedo sino sentirme dichoso al recordar tus consejos, tus bromas -unas algo pesadas, otras un tanto más- no puedo sino sentirme orgulloso de conocerte, de saberte y presumirte al mundo como mi hermano. Recuerdo cómo jugabas conmigo cuando yo era todavía un crío, cómo me agarrabas de "tu almohada" o cuando ibas a recogerme a la escuela, o cuando me ponía a escuchar las mismas canciones que tu, y aunque no les entendía nada, las disfrutaba, o cuando me preparabas licuados de plátano por las noches cuando nuestros padres no estaban. Cuando me enteré que uno de los muñecos de felpa más preciados de mi infancia me lo diste tu, que había sido tuyo...

No puedo sino admirar tu fortaleza, tu entereza, no encuentro otra reacción que sentirme conmovido y feliz por tus logros. Éste es uno más de ellos. 

No encuentro mejor manera de darte la bienvenida a tu nueva vida independiente que dándote algunos consejos, los mismos que tantas veces me has dado tu, pero que nunca está de más escuchar...

Sé siempre cauteloso, hermanito mío, disfruta siempre todo lo que hagas, más nunca dejes de lado cuidar de tu persona: lejos de nosotros, será más complejo estar al pendiente de ti (aunque nunca dejaremos de hacerlo). 

Sé siempre íntegro, no sucumbas nunca ante la tentación de hacer las cosas de otra forma que no sea la que tu instinto te dicte, apégate a jugar siempre con tus propias reglas... las del mundo, dóblalas, rómpelas si es necesario, pero jamás faltes a tus propios valores, jamás reniegues de ti mismo.

Mira siempre el lado bueno, aspira siempre a la meta más alta, pero no despegues tus pies del piso, que no existe otro modo de alcanzar tus sueños que manteniéndote bien despierto. Observa siempre tu entorno, obsérvalo con cuidado, no importa lo oscuro que se vea, siempre podrás hallar algo positivo y aprovecharlo.

No te aísles, no importa cuán hastiado, o cuán cansado te sientas, nunca te encierres en el ostracismo, nunca calles tu pensamiento ni tu sentir, nunca te cierres a las palabras de otros, que todas las personas tienen algo que ofrecer.

No dejes jamás de sentirte pleno y orgulloso con todo lo que hagas, recuerda siempre que todos los seres humanos estamos obligados a ver antes que nada, por nosotros mismos, jamás antepongas el bienestar de nadie al tuyo propio, que de otra forma no podrás asegurarte del bienestar de los tuyos. Prudencia, hermanito amado, prudencia siempre y en todo tu actuar.

No me despido de ti, hermano mío, porque aunque no te veré tan seguido jamás estaremos lejos. Sé bien, y lo sabes tu también, que los vínculos en nuestra familia son más fuertes que todo el poder del Universo. 

Por eso es que no te extraño, porque sé que no estarás lejos.

Sólo me queda desear para ti mucho éxito, y que el resto de tu vida sea pleno y muy bello. 

Te amo. 

A.M.

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